Basta que recuerde el día más alegre de mi vida para que el rostro de una mujer me venga a la memoria, y basta que recuerde el día más triste de mi vida para que vuelva a suceder lo mismo, quizás porque los hombres pertenecemos también, sin sospecharlo, al grupo de animales que conforman el complemento menos indispensable, o quizás, el hecho de ser macho nos condicione a todos, tal vez por la única y desconocida razón por la cual me siguen pasando esas cosas.
Quienes no asumen esa carga alzan banderas de repudio hacia su propia suerte y quienes no envidiamos su punto de vista, saltamos directamente a ser feministas, pero tal sufragio no nos convierte en mujeres, sino en un hombre con falta de ingeniosidades para burlar las innumerables posibilidades que presenta la razón y más sinceros que un machista.
Seis años después vuelve a mi almanaque el domingo 8 de marzo, día internacional de la mujer. Ya sabíamos de ante mano que un domingo cualquiera causa en mi sensaciones inaguantables de conclusión, conclusión de planes que no fueron, desenlace de ideas que no pudieron nacer, cierre de emociones que no pude vivir, sumado esto el día individualmente elegido para homenajear quienes no somos; a la poesía misma, ¿y de que vale entonces dedicarle unas líneas a la musa si se esconde? Por más ingenio que reunamos a la hora de escribirle si ella se tapa debe tener sus razones, ¿y como explicarle entonces cada seis años que invertimos tantos días en ideas para que cuando esto sucede no naufraguemos una vez más?
Como cada vez que ansiamos prenderlas, esta vez sé, de antemano, que volveremos a fallar, porque escucho la música que hacen sonar al despertarme, porque el tiempo en que nos nutrimos de posibles sorpresas para estúpidos halagos nos cegó una vez más de cuando debimos estar, porque si la mujer no es la musa, la inspiración no ha de ser mujer entonces, y son ellas mismas quien pueden intervenir para que podamos encontrarla.
Hace seis años creí que la experiencia me dejaría hacerles llegar lo que para los hombres representan, hace seis años me encontré en un lugar común donde ahora estoy parado, y hace seis años también estaba igual de convencido que quizás un día no podamos ser como son, pero si acercarnos esa vez y que suspendan el juego al menos por un ratito para poder verles los ojos mientras les decimos algo, mientras les pedimos que nos gustaría que fuesen felices todo el tiempo a pesar de la estupidez que con la que andamos de aquí para allá, a pesar de ser hombres, queremos un día poder decirle un 8 de marzo que hacen de nosotros el único domingo ideal, y que nos gusta cada seis años, tener un domingo lleno de luz para verlas entera.
No sabemos ser importantes si ustedes no se lo creen, no creemos que existiese mejor compañera y sobre todo, no sabríamos que sería de la poesía si nuestra inspiración no fuese su belleza, por eso nos gustaría poder encontrar eso que llevan en sus manos, por eso nos esforzamos, no solo un domingo 8 de marzo sino cada día aunque ustedes no lo noten.

